Flor de Reyes
Esta es una historia que tuvo lugar en una tierra llamada Mithyr, en la región rural de Reino de Plata, un lugar de población dedicada al cultivo de todo tipo de flores, el relato trata precisamente de lo que vivió un poeta de nombre ya olvidado con una de esas flores, en una época en la que este había perdido toda inspiración. Esta es la historia...
Una mañana brillante, clara y cálida, el cielo despejado se levantaba, envolviendo la hierba con los rayos del sol en el ultimo dia de ese verano. El joven poeta observaba con atención todo esto, suspirando de tal manera que las aves se sobresaltaban sobre aquel viejo roble que crecía junto a la vieja casucha, que era su hogar. Miró el jardín, aquel jardín que ya no daba fruto, nada de lo que se sembraba en el crecía excepción del viejo árbol y el pasto que ya comenzaba a marchitarse debido al entrante otoño, es como yo, pensó al mirarlo, suspiro de nuevo mirando a lo lejos la colina tras la cual se levantaba el castillo y una pequeña villa, donde el acostumbraba leer sus poemas, se situaba en el centro de la plaza y los recitaba, al terminar, la gente aplaudía conmovida.
Pero hacía meses que no podía escribir nada.
Esa tarde habría un festival en el pueblo para celebrar la fiesta anual de la fundación del reino, a este festival asistían tanto campesinos, como príncipes y reyes de otros lugares. Para este dia había también una tradición, que consistía en poner un pañuelo blanco en la entrada de los hogares en los que se tuviese un presente para algún príncipe que llegase a pasar cerca del camino, si era del agrado de este, el debía corresponder con un obsequio a cambio. El joven pensó en escribir alguna canción que hablara de reyes y castillos pero no tenía la suficiente inspiración para ello.
En verdad se sentía miserable, ya que no podía hacer aquello que le causaba felicidad, siguió sentado en la pequeña escalinata de la casucha, a la sombra del viejo roble con pluma y papiro en mano. Ahí estuvo hasta que el sol comenzó a descender, dejando pasar sus rayos dorados, naranja y carmesí desde atrás de la colina. No pudo escribir una sola línea en toda la tarde y se entristeció en gran manera. Entró en la casa, cuando cayo la noche y comenzó a llorar pues la poesía era su vida, y pensó que ya no podría hacerlo mas, la oscuridad envolvió la pequeña casucha y entre viento frió y llanto se quedó dormido.
A la mañana siguiente se levantó y al mirar por la ventana, la vio en su jardín, lo mas hermoso que había visto, a la luz del sol otoñal, levantándose majestuosa y noble, hermosa como la mas hermosa princesa que hubiese existido jamás. Aquella flor de pétalos color lila, brillante a causa del rocío, de tallo tan verde como el jade, tan delicada, tan bella, se quedó mirándola embelesado, hasta que el ruido de una carreta lo distrajo, del sendero del norte se acercaba el príncipe del reino Aurora, el mas prestigiado de todo Breez, debido a su realeza y porte glorioso, de quien se decía, había librado innumerables batallas, de las cuales ganó la mayoría solo con su hablar. Al poeta no le extraño pues esa familia siempre había usado este sendero, y ahora solo el lo usaba.
Una vez que la carreta pasó de largo, el poeta recordó la flor y salió al jardín en dirección del lirio, solo para ver que estaba cerrado, ya no era el mismo, pues al principio sus pétalos se extendían, esperando ser apreciados, esperando que alguien captara su aroma y admirara su belleza.
Es extraño pensó, aquí ya no crece nada tal vez por eso se ha marchitado tan pronto. Examinó la flor por un tiempo pero no hubo cambio, sin embargo, el recuerdo de esa belleza hizo que su inspiración volviera, se sintió tan feliz al grado que volvió a la casa y escribió todo el día y toda la noche.
A la mañana siguiente salió al jardín a mirar el lugar donde se hallaba la flor, pero solo encontró el tallo marchito y los pétalos secos. Se sintió tan triste que de nuevo se deprimió y la inspiración desapareció de nueva cuenta. Así pasó todas las mañanas yendo al mismo sitio llevando agua esperando que la flor creciera otra vez.
Paso un año y cuando llegó otra vez la fecha en que la flor apareció, despertó tan emocionado que olvidó todo lo demás, se asomo por la ventana en el momento en que la carreta había ya pasado de largo, no sucedió nada fuera de lo normal, esta vez se quedó observando esa belleza que tanto lo había inspirado, pues la flor no se cerró al instante como antes, sino hasta que el salió y se acercó, los pétalos se contrajeron, formando de nuevo lo que simulaba una punta de flecha color lila. Esta vez el joven poeta comprendió que algo pasaba, dio media vuelta y entró en la casa, sabiendo que para el otro día la flor ya no estaría ahí.
Sin embargo, siguió cultivando el jardín, todos los días, componiendo sonetos y canciones para alegrar a su fuente de inspiración, para llenarla de amor, pidiéndole todos los días que floreciera para el. Podía volver a escribir otra vez , pero solo para aquella flor misteriosa. Se sentaba bajo el roble dejándose acariciar por el viento, mientras el papiro se convertía en innumerables cartas de amor a la vida al presente y al futuro, cartas de esperanza, de nostalgia y mucha confianza.
Pasó otro año y al llegar la fecha del festival la flor apareció de nuevo el mismo día, pero esta vez, la carreta no vino desde el norte. Permaneció ahí hasta el mediodía y toda la tarde pero el príncipe del reino Aurora no llegó. Durante ese tiempo el joven poeta no se movió de la ventana, ni salió al jardín, ese alo no hubo canción, ni agua , ni alegría, solo tristeza .
Aun así el escribió:
Oh, pequeña flor, pequeño retoño,
Siento tu dolor, comparto tu angustia.
Al esperar a aquel para quien floreces,
Observas el camino, pero el no esta ahí.
Oh, mi tierno lirio,
¿Por qué sufres?,
¿Porque te torturas?,
Flor de reyes.
Como tu no hay otra,
Pétalos hermosos, aroma dulce,
Es lo que te envuelve.
Y, sin embargo,
¡Poderoso, glorioso, grande!
¡Un príncipe!, pero no puede ver tu belleza.
Pequeña y frágil soportas tu tortura,
Pero esos ojos no saben posarse en ti,
¡Que enorme pena!.
Si solo yo pudiera cuidarte,
Si me dejases tomarte,
Como un tesoro que guarda cosas valiosas,
Te guardaría.
Pero pétalos como flechas brillantes,
Me recibirían con desprecio.
Me atravesarían el corazón,
Ya lo han hecho.
Observare, por tu fragancia esperare.
Oh, pequeña flor de cristal,
No sufras, el vendrá,
Paciencia, esperanza.
Te tomara entre sus manos,
Te llevara de este jardín,
Y la belleza de un día se perpetuara.
Abre tus pétalos,
Desprende tu dulce aroma,
Corteja, reboza ternura, cariño,
Pequeño lirio, hermosa flor misteriosa,
Aun si te vas esperare,
Y si el te observa aquí seguiré,
Pero si no, no tardes mucho,
Abre los ojos, nadie para siempre.
Llegó la noche y por fin el poeta termino, apago las lámparas y se asomó por ultima vez, una ligera llovizna había comenzado. A la luz de la luna vio una pequeña semilla caer en la tierra árida del jardín, donde solo el viejo roble y esa flor crecían. La pequeña y delicada flor se curvó cuando la lluvia comenzó, escurriendo el agua por sus pétalos cerrados al joven poeta le dio la impresión de que lloraba, como una niña, su musa, su inspiración estaba sufriendo.
Siguió cuidando de ella un año más.
El día del festival, el joven poeta partió hacia el pueblo por la mañana, cuando la brisa matutina movía las hojas del viejo roble, regresó cuando el cielo estaba ya oscuro. De una alforja sacó una maceta y una pala pequeña, revolviendo la tierra del jardín sacó la semilla de aquella flor, y colocándola dentro de la maceta la cubrió con tierra y la roció con agua, llevándola hasta el porche de la casucha la colocó en la pequeña escalera a su lado y comenzó a hablarle.
--¿Sabes?, es extraña la manera la manera en que las cosas han sucedido, desde aquella mañana en que te vi por primera vez, ese día me llenaste de alegría, me inspiraste, pensé que podría tenerte conmigo, cuidarte en mi jardín, pensé que estarías para inspirarme siempre que te necesitara, pero no es así, ¿cierto?.
>>la verdad me lastima lo que voy a hacer, pero eh entendido que a veces las cosas no son para uno, aunque eso cause bienestar y esperanza. Estoy feliz por haberte tenido en mi jardín, pero se que no perteneces a el, tu eres una flor para reyes, no para alguien como yo, aunque tal vez yo sea mejor en muchos aspectos, pero no eres para mi jardín y menos porque es árido y solo crece aquí la hierba y este viejo roble que me da sombra en las estaciones calurosas, pero me has enseñado a cultivar este lugar y tal vez algún dia crezca algo en el, haz cambiado tu forma de florecer desde esa vez, y he llegado a conocer mucho de ti, pero con todo eso no he logrado que florezcas para mí, aun así gracias, por ese tiempo, quisiera darte un nombre pero eso no me corresponde, ya que mañana estarás floreciendo en otro jardín, uno que será mejor que este, solo espero que te tengan el mismo cariño que yo.
Cuando hubo terminado de hablar notó que de la tierra asomaba ya un pequeño tallo, apenas unos centímetros, pero sintiéndose satisfecho con esto, la colocó junto al árbol y entro en la casa, no sin antes colocar un pañuelo blanco en la puerta del jardín.
Un ruido lo despertó, era el sonido de una carreta que se había detenido se vistió con rapidez y salió al patio justo cuando el príncipe del reino Aurora abría la puerta del carruaje, quien se dirigió al joven poeta.
--¿Eres tu quien tiene un presente para mi tal como lo indica este pañuelo?.
El joven hizo una reverencia antes de responder,--Así es mi señor, le tengo un regalo único.
--Muéstrame que espidió el príncipe lleno de curiosidad.
El joven corrió hacia el viejo roble y vio a la pequeña flor, y sin poder contenerse derramo una fugaz lagrima, se enjugó y regresó donde el príncipe. Mientras caminaba, notó los hermosos colores que tenía desde el tallo hasta los pétalos de color lila en varios tonos, pero lo mejor fue recibir ese aroma tan dulce y fresco como la primavera, la flor no se cerró esta vez, permitió que el poeta la apreciara por ultima vez, como agradecimiento por lo que hacía por ella, la estaba ayudando a ser feliz.
El joven llegó ante el príncipe, que miró la flor extrañado.
--¿Es este el presente que tienes para mi.
--Si mi señorcontestó el otro.
--Pero, ¡si es una simple flor! si quisiera flores podría comprar unas mas hermosas que esta en el pueblodijo el príncipe incomodo.
El comentario hirió profundamente al poeta, pues el hombre no veía la importancia del asunto.
--Si mi señor me lo permite hablar le explicarepidió el joven.
--Hazloconcedió ofendido el monarca.
--Esta, sire, es una flor de reyes solo florece para aquellos de sangre noble, tu siervo lo ha comprobado desde hace cuatro años que la descubrí en mi jardín, la cuide esperando que creciera, pero solo brota este día cuando usted pasa por aquí, después de eso se marchita y no vuelve a florecer hasta pasado un año.
El príncipe miró de nueva cuenta la flor y vio que esta había aumentado de volumen, comprendió entonces que lo hacía para el.
--¿El año pasado floreció?, ya que no vine al festival.
--Si mi señor, lo hizo pero al no pasar la carreta por aquí se marchito hasta entrada la noche y fue por eso que decidí entregársela ya que una flor como esta debe de permanecer siempre hermosa, y ya que en mi jardín nada florece, pero seguro que mi señor tendrá lugar para ella.
Por fin el príncipe entendió lo que debía significar para el hombre desprenderse de algo tan especial, así que accedió a su petición.
--Esta tomare tu presente, campesino y cuidare de esta flor que es tan especial.
--Gracias, mi señordijo el poeta y bajando la vista hacia la flor, se la entregó al príncipe.
--Ahora tal y como dicta la tradición debo darte algo a cambio, así que dime, ¿qué deseas?.
El joven pensó un rato antes de contestar.
--Permítame, por favor, nombrarlael príncipe asintió con la cabeza, el poeta la miro otra vezAeriel, doncella del mar, ya que su belleza es tan profunda como este e igual es el cariño que llegue a tenerle.
--Aeriel será entonces la flor que más cuidare en mi jardín, ahora me retiroel príncipe subió a su carreta y partió.
El poeta lo siguió con la mirada hasta que desapareció y suspirando y sonriendo observó el lugar donde Aeriel había estado, regresó hasta el porche de la casucha, subió los tres escalones de la entrada y se sentó a la sombra del viejo roble, después de un rato notó que un brote asomaba en la tierra y al lado de este había pequeñas semillas, de hecho había semillas en toda la extensión del jardín, sonrió al ver que el jardín que siempre creyó árido estaba dando frutos. Entró en la casa y sentándose tomó la pluma y el papiro, comenzó a escribir:
Aeriel, flor de reyes,
Punta de flecha,
Que vuela y se incrusta en mi corazón.
Amado lirio,
Crece mas hermosa,
Y mas aun para tu príncipe.
No te marchites nunca mas,
Dulce aroma y hermosura,
Dejaste en mis sentidos,
Crece hasta lo alto del cielo,
Gracias por dejar que te conociera,
Gracias por devolver mi esperanza,
Mi corazón será para siempre tu jardín,
Un jardín solo para ti.
(historia original por RYUTSUGI 20/06/2008)













Comments
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